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Juan Carlos Ferrigno: Bugatti 35

Bugatti 300 Juan Carlos Ferrigno

Si bien pintar un Bugatti es algo intemporal, esta pintura significa para mi una época en la que estuve haciendo originales de un tamaño bastante grande. Esta mide 92×73 cm, que si bien no es gigante os  aseguro que es bastante grande para colgar en un piso estándar.

Bugatti 300 Juan Carlos FerrignoMe encantan los Bugatti por su forma tan sencilla y por su legendario y atrevido color azul, que en los años 30 no era tan común como ahora y que junto con los Alfa Romeo es el coche de carrera por excelencia de aquellos lejanos tiempos.

En la pintura quería mostrar su imponente frontal y darle toda la sensación de velocidad posible, porque aquellos “cacharros” iban muy rápido para la época. Para esto me serví del recurso visual de poner el punto de vista en un lugar imposible, como es el centro de la pista, recurso que permite la pintura, pero no la fotografía, ya que el osado fotógrafo no contaría la historia… Esta visión angular ayuda mucho a darle dinamismo a la pintura, más aún si se inclina solo un poco la escena.

Si bien no sería una pintura muy realista, buscando en libros para ver los detalles del coche encontré una foto de un Bugatti con el número 13 y me hizo gracia pintarlo con este número sin plantearme demasiado quien era el osado y nada supersticioso piloto. Luz de sol que produce  contraste y unas sombras en la pista que ayudan a dar velocidad, vestimenta del piloto acorde a la época, y el poco fondo que se ve refiere a aquellos circuitos que eran casi carreteras  convencionales sin prácticamente medidas de seguridad alguna.

El cuadro se mostró por primera vez en el Retromobile de París, en una de  mis pocas exposiciones allí, y si bien levantaba muchos comentarios, supongo que buenos, volvió conmigo a Barcelona. Lo envié a mi agente en Inglaterra para ser exhibido allí y en su primera aparición motivó mucho interés entre los más amantes de los viejos coches de Grand Prix.

Finalmente el cuadro fue adquirido por una mujer sin relación alguna con el mundo del motor. Simplemente le encantó el cuadro, sin importarte si era un Bugatti, un Alfa, o un automóvil de cualquier otra marca. Según dijo, le impactó la potencia de la imagen y siendo ella una mujer abierta a lo que le impacta no tuvo reparo en comprar un cuadro que en principio iba destinado a un amante de los coches viejos.

El problema vino cuando me preguntó quien era el piloto y quedé comprometido a buscarle el dato y contarle detalles del singular gentlemen driver que se atrevía a correr con el número 13 en su frontal. Revisando libros nuevamente descubrí que ese número lo llevaba un tal Friedrich y hasta en su momento le seguí el rastro para contarle a la compradora la historia de un piloto que no llegó a ser un grande de su época, aunque en el año 1924 formaba parte de un poderoso equipo Bugatti que presentaba hasta cinco coches por carrera.

La historia contada fue suficiente para la dama del Bugatti. Y para mi fue un gusto que alguien sin relación con los coches se enamorara de esta pintura, pensada por mi para otro tipo de cliente, pero que   finalmente por su sensación de velocidad y colorido gustó a un público mas amplio.

Seguramente no será el último Bugatti que pinte, pero sin duda es uno que me dio mucho gusto hacer y también saber que hay alguien que lo disfruta cada día.

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