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¿Quién llegará primero al Gasómetro?

¿Quién llegará primero al Gasómetro?

Josep Casanovas

La segunda entrega de Juan Carlos Ferrigno para VDM tiene como escenario la salida del Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1 del año 1967, el 7 de mayo, marcado por el accidente que costó la vida a Lorenzo Bandini cuando su Ferrari se fue contra las protecciones en la salida de la chicane, volcó y se incendió antes de que el infortunado piloto pudiera ser extraído del habitáculo.  Esto ocurrió cuando rodaba en segunda posición y se habían completado 81 de las 100 vueltas a partir de la escena a la que Ferrigno ha sabido dar un realismo mágico:  los cinco más rápidos en los entrenamientos acelerando a fondo para intentar llegar el primero a la horquilla del Gasómetro. La atmósfera no puede ser más especial; tan solo falta el ruido de los motores, el chirriar de los neumáticos y el aroma a gasolina, aceite y goma quemados. Denny Hulme (con el Brabham-Repco número 9) fue el vencedor de la carrera y aquel mismo año celebró el título de Campeón del Mundo.

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“… que los coches apuntan a salirse del cuadro, que se nos van.”

Juan Carlos Ferrigno

Esta fue una de esas pinturas que me gusta hacer cada tanto, más que nada como una especie de desafío. Primero, por su gran tamaño (130 x 97 cm ). Y luego porque representa meterse en un gran lío el hecho de pintar una salida histórica con varios coches compartiendo la escena. Es pintar algo que realmente sucedió y por eso hay que ser fiel a la mayoría de los elementos que aparecen, pero a la vez valerse de las llamadas licencias artísticas para modificar aquello que hará mejorar la pintura. A veces resulta un equilibrio difícil, pero en este caso privó mas el aspecto histórico puesto que la pintura sería expuesta en Inglaterra, tierra de grandes conocedores de la historia de la Fórmula 1.

Lo primero a plantearme fue el punto de vista de la escena. Al ser una pintura de este tamaño no podía elegir una visión tipo fotografía. Yo pensaba en un cuadro donde los coches fueran lo principal, sin tanto protagonismo para el fondo, a pesar de que Mónaco ofrece un entorno ideal para pintar la atmósfera de aquellos años.

Había que decidir qué coches, qué año, qué pilotos… Y aquí es donde tener cientos de libros sobre el tema, revistas viejas y recortes añejos y amarillentos con fotos de los años 60 toma todo el sentido del mundo y te permite bucear en esos años buscando la carrera que mejor encaje con la idea del cuadro que tenía en la cabeza. Finalmente apareció el ideal, el Gran Premio de 1967, que tenía muchas cosas a favor, una interesante parrilla con grandes coches y pilotos, y después de plantear la pintura desde distintos ángulos, surgió la opción elegida.

Teniendo a Jim Clark y su hermoso Lotus busqué ponerme de este lado de la pista para ver y pintar esta escena, con Clark en primer plano. Respeté el orden de salida de las dos primeras filas de la parrilla con Jack Brabham y Lorenzo Bandini en la primera, John Surtees y Denny Hulme en la segunda, e insinuando que Clark va a por todas desde la tercera línea. Por colores también funcionaba al tener tres coches verdes, pero el blanco del Honda y el rojo del Ferrari aportaban color a la  composición.

Haciendo uso del material del que disponía, me puse a buscar todos los detalles que necesitaba para la pintura y encontré que el muro de los antiguos boxes era de un color rosa insólito, letras de Shell y Dunlop, y sobre todo los árboles, la gente y, a lo lejos, el fondo típico de Mónaco. Hay  pintores que se resisten a pintar coches en un tres cuartos trasero, pero a mí no solo me parece que estos coches lucen hermosos en esta vista, sino que para este trabajo me venía muy bien, dando la sensación que la salida se acaba de dar y los coches apuntan a salirse del cuadro, que se nos van.

La primera licencia artística me la tomé para “mentir un poco” en cuanto a como se movieron los coches en la salida real. Para mi pintura los moví de  manera que no se taparan entre sí, o lo menos posible.  Gracias a las fotos de la época pude ver los detalles sobre  cascos, suspensiones y sobretodo motores que necesitaba para hacer el dibujo previo, que fue mas complejo que de costumbre porque había que respetar cosas que en la pintura eran importantes, como el motor
del Lotus del primer plano o el fondo de Mónaco que debería verse desde este ángulo o punto de vista, pegado a la barrera exterior. Esas mismas fotos me mostraron que en esas salidas era lo más normal que la gente estuviera por delante del muro, en una posición muy peligrosa y que haría  hoy en día que se suspendiera la salida. En esos años ni se consideraban estas cosas y reflejan muy bien la época que estaba pintando.

En estos casos suelo imaginarme como habrá sido el tema que estoy pintando, y por eso puse especial atención en el humo que en los años 60 levantaban las ruedas traseras en todas las salidas, un humo blanco que prácticamente envolvía las ruedas tractoras de los Fórmula 1. Pero para no ser exagerado con esto, sólo dos coches aparecen patinando sobre el asfalto de Mónaco.

Con todos los elementos en su sitio, sólo faltaba empezar a pintar, en este caso obviando que en la salida real había sombra sobre las dos primeras filas de la parrilla. Aquí hice uso de la segunda licencia para evitar dicha sombra y dar a la pintura una luz uniforme de pleno sol. Una pequeña mentirijilla inocente, pero en beneficio de mi pintura.

Como siempre, empecé de atrás hacia adelante, siendo lo primero los edificios del fondo tras los árboles y viniendo hacia adelante día tras día hasta llegar a Jim Clark y el Lotus que fue lo último que pinté. Una vez que estuvo todo pintado vino la parte más difícil, corregir colores, oscurecer, aclarar, buscar contrastes y, sobretodo, darle velocidad a toda la escena para darle vida al cuadro. En este caso la línea dominante del movimiento es la que va en sentido de los coches para dar la sensación de que los F1 avanzan. Si bien todo está en su lugar, no hice demasiado hincapié en los detalles de los coches, para centrarme en “mover” toda la escena. No pretendía de este cuadro una imagen fotográfica sino buscaba trasladar a quien viera el original la sensación de velocidad y la atmósfera de una salida en Mónaco desde este punto de vista privilegiado.

No sé si existen fotografías de esto visto desde aquí, pero lo que trato con pinturas como esta es justamente mostrar lo que  no se vio en una foto, una imagen nueva de algo que vimos muchas veces. Y eso se consigue solamente creando una escena como esta, que sumada al tamaño grande del cuadro se transforma en uno de los que el pintor suele estar orgulloso de haber  hecho. Llevan mucho trabajo de pintura, y tal vez mucho mas de  preparación y dibujo, pero cada tanto necesito hacer algo así.

Para mi satisfacción, el cuadro tuvo gran éxito cuando fue expuesto y se vendió en su primera aparición. Pintar este tipo de temas tiene una ventaja comparativa con el resto de temas más habituales en las galerías. Y es que normalmente la persona que compra cuadros como este los adquiere no como una pieza de un valor económico con la que especular en un futuro, sino porque tiene con el cuadro algún tipo de lazo sentimental. Es por su afición, por su admiración por un piloto, por el recuerdo que tiene de un determinado coche o carrera.

Las razones son más de corazón que de otro tipo, y por eso es siempre un placer especial que alguien a quien no conoces se enamore de alguna pintura tuya y quiera convivir con ella, que pase a formar parte de su vida, que le acompañe.

Es una excelente manera de compartir esta afición con todos aquellos “locos por los coches”. Es lo que nos une,  alimenta cada día y nos hace cómplices.

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